Zelig y la Personalidad Camaleónica

En el lenguaje de la calle se usan muchos términos que entran dentro del campo de actuación de la Psicología aplicada. En concreto, me gustaría centrarme en uno de mis constructos teóricos fetiches: la Personalidad.

Frases como “no tiene personalidad” o “qué poca personalidad tiene” no son frases correctas. La personalidad no se tiene o se deja de tener, ni se tiene en mayor o menor grado. La personalidad es algo que se empieza a construir desde nuestro nacimiento y se solidifica en la adolescencia y comienzo de la adultez. Siempre se suelen usar metáforas para describir la personalidad del tipo “figura de vidrio”, debido a que en su etapa más pretérita, el vidrio, aún a altas temperaturas, es maleable, pero termina por volverse rígido, hasta adoptar una forma fija.

Siguiendo un poco con expresiones frecuentes al respecto, también se suele escuchar la frase “se arrima al sol que más calienta” o “es un veleta”. La diferencia con las anteriores es que aquí no aparece explícitamente la palabra personalidad, pero no cabe duda de que se refieren a ella.

La Personalidad se determina por dos características; la estabilidad y la consistencia. Hablamos de estabilidad cuando decimos que un conjunto de conductas se mantiene en el tiempo, y nos referimos a consistencia cuando las conductas emitidas en diferentes contextos son congruentes. Es decir, ser extravertido a los treinta años y seguir siendo a los cuarenta, da pistas de que la extraversión es un rasgo que puntuaría alto dentro de la personalidad de un sujeto. Y si una persona parece tener comportamientos de preocupación excesiva de forma consistente, seguramente los tenga yendo en el metro, caminando por la calle, en el trabajo o hablando con un desconocido (aquí el rasgo del que hablamos sería el neuroticismo).

Habiendo dado una pincelada a este gran concepto, el maestro Woody Allen creó lo que se concibe como una obra de arte para los psicólogos especializados en Personalidad: Zelig.

El largometraje está planteado como un falso documental de un hombre con una personalidad camaleónica, con la peculiaridad de que esta circunstancia está llevada al extremo. El comportamiento adaptativo de Zelig (protagonista interpretado por el mismo Allen) va más allá de lo conductual, y llega al punto de “transformarse” en la o las personas con las que interactúa. Es decir, adopta los rasgos físicos característicos de las personas con las que trata, con el toque de humor dramático al que nos tiene acostumbrados el excéntrico actor-director.

En la película aparecen escenas en las que se puede ver a Zelig charlando con un grupo de hombres con sobrepeso y, según avanza la conversación, va ganando peso hasta que su cuerpo se asemeja al cuerpo del resto de personas del grupo.

Durante el transcurso del falso documental, lo habitual es imaginarse cómo sería estar en el pellejo de alguien con tan compleja circunstancia, o conocer a un “Zelig”. Al verla, reflexionaba… Cuando uno conoce a personas así, nunca sabe cuándo se está comportando tal como la persona es realmente. Además, si personas que actúan de un modo similar a Zelig se comportan de forma distinta según con quien estén, podrían tener un conflicto o sentirse muy incómodas al tratar con dos grupos de gente que se consideren distintos (que tengan una forma de pensar o actuar distinta, que pertenezcan a un grupo ideológico concreto, religioso, etc.) al mismo tiempo (por ejemplo, interactuar con dos personas de izquierdas y dos de derechas al mismo tiempo). Se hablaría de un conflicto de roles constante.

Volviendo, también, a recuperar la noción de estabilidad y consistencia, lo normal sería decir que el comportamiento camaleónico de Zelig no es estable ni consistente. Pero, analizándolo más en profundidad, vemos como existe estabilidad, aunque no consistencia. La estabilidad del cambio, pues el patrón que se mantiene estable es que este enigmático individuo tiene la peculiaridad de transformarse en su o sus interlocutores física y socialmente.

De hecho, éstos son algunos de los rasgos más marcados de las personalidades camaleónicas como la del protagonista del documental:

  • Empatía: Se podría relacionar la conducta de Zelig con la empatía, en tanto que, él no se pone en lugar de las personas, pero se “transforma” en ellas.
  • Sociabilidad: Quizá uno de los componentes más fuertes de la conducta de estas personas, quienes encajan en todos los grupos con los que se relacionan y, por tanto, se integran rápidamente.
  • Sumisión: Zelig no lleva el control sobre su vida, y son los demás quienes deciden por él lo que le conviene y lo que no.
  • Psicoticismo: Ante una evaluación o la percepción de amenaza por parte de personas como Zelig acerca de lo variante de su conducta, pueden aparecer signos de psicoticismo.

La personalidad de Zelig recuerda a los orígenes etimológicos del término personalidad, en tanto que, por ejemplo, las primeras acepciones griegas del término hacían referencia a la apariencia (prosopsis), a la máscara (prósôpon) y peri sôma (alrededor del cuerpo). Zelig cambia su apariencia cuando interactúa con alguien, tal como la primera acepción hace referencia. La segunda acepción, la de “máscara”, tiene que ver con el teatro grecolatino, donde los actores se ponían máscaras para interpretar sus personajes; desde este punto de vista, Zelig se pone las “máscaras” de la gente con la que interactúa para parecerse a ellos. Por último, el comportamiento de este hombre se basa en la metamorfosis que sufre en los diferentes contextos en los que se encuentra, y esa metamorfosis es algo externo, físico, que la gente puede notar y observar sin manifestar conducta alguna (aparte del ya mencionado cambio conductual).

Evidentemente, es poco menos que imposible encontrarse algo así en la vida real, pero sí que existe este efecto camaleón con respecto al comportamiento. Y con esto vuelvo a recuperar la frase escrita más arriba de “ser un veleta”.

Esas personas que parecen no tener criterio propio, que se adaptan a la voluntad de aquel o aquella con quien interactúan están muy presentes y me aventuro a decir que el lector o lectora que esté leyendo este artículo conocerá algún caso.

¿Por qué hay personas que se comportan de forma camaleónica? Parece ser que la base de este comportamiento reside en una constante sensación de inseguridad y una baja autoestima. Es el mecanismo defensa perfecto para las personas vulnerables a los comentarios en forma de críticas (constructivas o no).

Desde mi punto de vista, todos somos, en mayor o menor medida, un poco Zelig, y se suele menospreciar este efecto de adaptación social que entra dentro del juego de la aprobación y el reconocimiento dentro de los grupos de personas.

Pero… ¿Qué pasaría si juntásemos en un mismo grupo a cinco o seis personas con este tipo de personalidad?

Alberto Álamo

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3 Respuestas

  1. Andrés dice:

    Buahhh tremendo, los pelos de punta. No, no conozco ninguno de los nombres que me has dicho, ni el experimento de la profe de primaria, pero la verdad que es clavado a lo que decía. Estoy deseando aprobar las opos para tener mi propio taller de experimentos jajajaja verás las que voy a formar ;)…total pa lo que hacen las autoridades con los niños…mejor que los use yo como conejillos de indias jaja.

    Gracias por pasarme esos nombres, investigaré sobre lo que hicieron, un abrazo amigo!

  2. Alberto AD dice:

    Bueno bueno, este comentario se podría publicar como artículo aquí en la Pancarta eh, jajaja. Gracias por la aportación Andrés.

    Compartimos esa pasión de la que me hablas por el tema de la influencia social. No sé si conoces los experimentos de Milgram, Zimbardo o Solomon Asch. Escuché hace pocos días el de uno que tiene mucho que ver con lo que dices. Una profesora de educación primaria atribuyó la inteligencia de los chicos y chicas a un rasgo arbitrario, es decir, planteó que los chicos y chicas con los ojos azules eran más inteligentes que los demás… y quienes tenían esta condición acababan obteniendo mejores calificaciones, y al cabo de un tiempo, dijo que había sido un error, y quienes realmente eran inteligentes eran los morenos y morenas, y la situación se revertió y fue este último grupo el que mejoró las calificaciones con respecto al grupo anterior. Fijamos expectativas en las personas, y a veces actuamos en base a esas expectativas. Este tema es apasionante, así que un día lo tendremos que hablar mejor en persona, que se le saca mucho jugo, incluso podemos hacer experimentos in vivo, jajajaja.

    Un fuerte abrazo!

  3. Andrés dice:

    Buen artículo señor y genial película (como casi todas las de Woody Allen).

    Hay un aspecto de la entrada que me gustaría comentar y que en tu artículo lo has señalado más bien al final, que es el efecto de la sociedad sobre nuestro carácter y el hecho de que en cierto modo todos somos un poco camaleónicos aunque algunos más que otros.

    No hace mucho leí un estudio (no recuerdo dónde), que hablaba de que las personas tienden a actuar como ellos creen que la gente (el grupo social en el que está en ese momento) espera que actúe.

    Pongo un ejemplo para que sea más claro:

    Supongamos que Alberto Álamo es amigo de Andrés Vella (no te niegues, es sólo un supuesto, haz el esfuerzo), y Alberto va a llevar a Andrés a cenar con sus compañeros psicólogos del máster de Valladolid. Andrés es un tipo más o menos maduro, sabe guardar las formas y su intención es no llamar demasiado la atención.

    La cuestión es que una vez está en la cena, a través de los comentarios de los compañeros de Alberto, se percata que todos ellos conocen muchas de las disparatadas anécdotas que compartió con Alberto en la época del instituto. Es entonces cuando algo se activa dentro de Andrés. Su personalidad, podríamos decir que cambia, sabe que la opinión de todos los presentes es la de que es un personaje curioso, algo desequilibrado y por tanto de ahora en adelante se mostrará como tal.

    Sin embargo, si Andrés acompaña a la cena a Alberto y durante ésta no transciende ninguna anécdota del pasado, Andrés se mostrará educado, tranquilo, al menos hasta el inicio de la tercera botella de vino.

    Este modo de influencia del grupo social sobre nuestra personalidad, siendo un educador como soy (aunque parezca increíble) creo que es algo que debemos aprovechar es decir, que la influencia social nos permite cambiar a las personas, hacerlas mejores o peores y creo que eso es algo que debemos aprovechar sí o sí.

    Si nos pasamos el día diciéndole a un niño “eres tonto” “eres un vago” y “eres un inútil” actuará como tal, sin embargo si les hacemos creer (habrá ocasiones en que tengamos que esforzarnos mucho ante las carencias de ciertos individuos) que son inteligentes, trabajadores, buenas personas, probablemente sea más fácil acabar teniendo un resultado positivo en el proceso educativo de estas personas.

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