El sexto día: Nochebuena y la buena nueva.

Gracias a mi hermano, este artículo no se titula el segundo guayabo en Viñales, ya que el sexto día comienza de nuevo con una buena resaca. El día anterior decidimos que hoy también íbamos a pasar la noche en Viñales, era nochebuena y éramos lo más cercano a una familia que teníamos en miles de kilómetros a la redonda, así que nada mejor que estar juntos.

El día no empezaba bien, nos despertamos tarde y teníamos que volver a dejar la casa e ir a buscar otra, la tercera que tendríamos en tres días. Estuvimos pensando que hacer en la noche, sabíamos que había una fiesta en una cueva cercana que podía ser buena opción.

Camino de nuestra nueva casa, vimos a mucha gente asando el cerdo para la cena, tienen una sorprendente y paciente forma de asarlo.

Era nochebuena y quería sorprender a mi familia llamando a mi casa en Córdoba, así que a eso de las 4 de la tarde hora cubana (22:00 en Córdoba), después de hacer una hora de cola y pagar 8 CUC (8€) por 15 min de llamada busco un teléfono público y comienzo a llamar.

Mi madre me coge el teléfono y lo primero que me dice es “Uy, hoy me vais a matar de un infarto” por lo que supuse que mi llamada no era el único evento sorprendente del día. Hablé un rato con ella, un rato con mi padre y finalmente se pone mi hermano que comienza nuestra plática con la siguiente frase: “Tengo dos cosas que decirte”. Yo automáticamente ya sabía que era, pero el inmediatamente me lo contó.

Me voy a casar y voy a tener un hijo”. Ahí va eso, yo rompo en éxtasis y me pongo como un loco con la buena nueva, qué noticia y qué día para conocerla, parece que la llamada a casa fue en el momento perfecto ya que justo ese mismo día había sido el que le había contado la noticia a nuestros padres.

Se agotan los minutos de la llamada y yo no sé muy bien que hacer, la emoción me embargaba, necesitaba encontrar a alguien conocido y contarle la buena nueva.

Así, empecé a caminar por el pueblo en busca de Zeno o James, a los pocos minutos encuentro al primero, le cuento la noticia, ya tenía a alguien con quién estar y me tranquilicé un poco.

Volvemos a casa y nos ponemos a arreglar el pinchazo de James para poder ir en bici a ver la puesta de sol al Valle del Silencio.

 

No con poca dificultad conseguimos llegar a una especie de mirador que estaba lleno de gente, pero nosotros queríamos algo más tranquilo, así que cogemos las bicis y a través del valle rodamos un rato hasta que encontramos una pequeña colina dónde sentarnos a ver la puesta de sol.

 

Luego volvemos a casa para ducharnos, esa noche habíamos decidido ir a cenar a un restaurante caro (gastarnos unos 10 CUC por barba, lo que es igual a 10€). Yo había decidido invitarlos a cenar por mi futuro sobrino, aunque ellos no lo sabían aún. Fuimos al restaurante de comida mediterránea que siempre estaba lleno, comimos todo lo que quisimos, bebimos cócteles y así empezó la noche.

Después de la cena decidimos tomar un taxi e ir a la fiesta de la cueva, nada más entrar, esto es lo que nos encontramos en las pantallas de la misma, fue realmente increíble.

Allí nos encontramos de nuevo con medio pueblo, ya habíamos conocido a alguna gente, y también estaba por allí Josuan, el jugador de béisbol que conocimos en La Palma.

Aunque la noche no fue tan interesante como las dos anteriores, de nuevo correré un tupido velo sobre la misma.

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1 respuesta

  1. Andrés dice:

    jajajja buenísimo lo de Fidel jajaja 🙂

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