Rafael Alberti. Poeta entre cañones

En el 84 aniversario de la proclamación de la II República [leer artículo de La Pancarta de Bitácora], recordamos a uno de los intelectuales que más se implicó en su defensa. Especialmente, durante el triste desenlace de aquel período, la Guerra Civil: el poeta de la Generación del 27 y militante del Partido Comunista de España, Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999).

En sus generosas memorias, recopiladas bajo el título de La arboleda perdida, el escritor reflexiona sobre el sentir político del país poco antes de la proclamación del nuevo régimen en 1931:

La otra España seguía bullendo incontenible. Sus anhelos de libertad, más subidos y contagiosos cada vez, se derramaban por todas partes. 

Y así como ocurría con el pueblo, claro, sucedía entre unos literatos que, continúa el poeta:

Por primera vez en esos años, van a reunirse por afinidades políticas y no profesionales. Todos a una comprendieron que tenían, si no bancarias, serias cuentas que arreglar con la Casa del Rey, rey que, por otra parte, jamás consultó a la inteligencia de su país.

Alberti describe un Madrid lleno de júbilo aquel 14 de abril de 1931, con escenas festivas y desprovistas de odio por cualquiera de los rincones de la capital:

La República acababa de ser proclamada entre cohetes y claras palmas de júbilo. El pueblo, olvidado de sus penas y hambres antiguas, se lanzaba, regocijado, en corros y carreras infantiles, atacando como en un juego a los reyes de bronce y de granito, impasibles bajo la sombra de los árboles. A la reina y los príncipes, que quedaron un poco abandonados por los suyos en el Palacio de Oriente, ese mismo pueblo, bueno y noble, los protegió con una guirnalda en la mano. Nadie puede decir que le asaltaran la casa […]. Todo aquello fue así de tranquilo, de sensato, de cívico.

El cuadro tan idílico pintado por Alberti, sin embargo, no tardaría mucho en desdibujarse. La polarización ideológica y el odio entre unos y otros se abrieron camino, tal y como cuentan las memorias:

De nuevo, y como siempre —yo empezaba a ver claro—, dos Españas: el mismo muro de incomprensión separándonos (muro que un día, al descorrerse, iba a dejar en medio un gran río de sangre).

Con la división machadiana más famosa, en efecto, la II República terminó bruscamente cuando la derecha más reaccionaria y retrógrada se alzó armas. Como buen español y militante de izquierdas, el autor del excelso Sobre los ángeles afeó el comportamiento de algunos intelectuales que, a pesar de todo, eran más o menos afines a sus postulados ideológicos. Concretamente, despotricó sobre quienes se habían reunido en la Agrupación al Servicio de la República (José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala eran sus cabezas más visibles) debido a cómo actuaron cuando el estallido del golpe de Estado del general Franco:

Desertaron el 18 de julio de 1936 al comprobar que la política de guante blanco tenía que manchárselo en la cara sangrienta del enemigo, si querían verdaderamente salvar la República.

FOTO: Las armas y las letras, de Andrés Trapiello

Él, en cambio, continuó en España y puso sus letras a disposición del bando republicano. Dirigió la revista El Mono Azul, donde además mantenía la sección titulada A paseo. Desde esta publicación, junto a su inseparable María Teresa, se dedicó a hacer propaganda a favor del gobierno legítimo. Una de aquellas poesías comprometidas y de fuerte carácter ideológico aún es muy recordada popularmente gracias a las cuerdas de la guitarra del cantautor Paco Ibáñez.

A pesar de su compromiso con el gobierno de la República —presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas—, el comportamiento de Alberti durante la guerra ha sido duramente criticado por algunos estudiosos de la materia. Entienden éstos el compromiso ideológico del poeta gaditano como una pose que, a la hora de la verdad, no le llevó a tomar las armas e irse al frente, al contrario que en el caso de su amigo Miguel Hernández. Como si fuera reprochable que un poeta defienda sus ideas con pluma y papel en lugar de fusil y balas.

Las comparaciones son odiosas.

Aquella defensa de la II República y su militancia comunista le costaron nada menos que 38 añitos de exilio. Pasó por varios países, aunque principalmente Argentina e Italia. Fruto de ello, adquirió un extraño y peculiar acento al hablar, cosa que puede sorprendernos en la fantástica entrevista que el periodista Joaquín Soler Serrano le realizó en el programa de culto A fondo:

Lejos de las crueldades de la guerra, aquel Alberti viejo de 1977 volvió a casa conforme con el espíritu conciliador de la Transición; una idea que hoy empezamos a superar pero que, por entonces, viniendo de la sangrienta represión del franquismo, significó todo un avance:

Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta en señal de concordia entre todos los españoles.

En las primeras elecciones democráticas (junio de 1977), salió elegido diputado del Congreso por el Partido Comunista de España. Pero su paso por la política activa fue testimonial, ya que unos meses después renunció al escaño. A partir de entonces, recibió infinidad de premios por su obra poética. Tanto internacionales como en España. Incluso, se permitió rechazar el Príncipe de Asturias de las letras por motivos ideológicos.

Rafael Alberti falleció en 1999. Por voluntad propia, su cadáver fue incinerado y los restos, esparcidos por la bahía de Cádiz, lugar por el que siempre, desde su primer poemario, Marinero en Tierra, manifestó gran amor:

No quiero barca, corazón barquero,
quiero ir andando por la mar al puerto.

¡Qué dulce el agua salada
con su salitre hecho cielo!
¡No quiero sandalias, no!
Quiero ir descalzo, barquero.

No quiero barca, corazón barquero,
quiero ir andando por la mar al puerto.

Neftalí Caballero

También te podría gustar...

4 Respuestas

  1. Muy bueno, Nef ! Un grande. Gracias por esta recordatoria.

  2. Andrés dice:

    Me ha encantado Neftalí, muy buen artículo. Por cierto, a veces una pluma hace más daño que 100 disparos ¿no crees? Aunque eso no quite mérito al bueno del Miguel Hernández.

    ¡Viva la república!

    • Neftalí Caballero dice:

      Gracias, Andrés. No sé si más o menos, pero no creo que sea criticable el que alguien no se tire al monte con el fusil ni se espere que esa persona no pueda participar de la política. Aunque haya guerra.

Deja un comentario