La Santa Inmatriculación

La Santa Inmatriculación

Hoy os queremos acercar un poco más un término que está dando que hablar mucho en los tiempos que corren. Es una palabra que está ligada a otros términos tales como el IBI, Obispado, Rouco, propiedad de fincas… Si, una vez más la Iglesia se encuentra en el punto de mira de todas las críticas, algo que últimamente es el pan de cada día.

La Ley Hipotecaria española fue redactada en plena dictadura franquista y esta concede a la Iglesia Católica (después de la reforma que el gobierno del Partido Popular realizó en 1998), la potestad de inscribir a su nombre en el Registro de la Propiedad bienes que no estuvieran inscritos a nombre de nadie, es decir, que un día te acuestas creyendo que por ejemplo un inmueble es propiedad del municipio y al día siguiente te enteras que es propiedad de la Iglesia, porque ellos lo han decidió así). Esto es lo que se conoce como la inmatriculación.

El artículo 199 de la Ley Hipotecaria dictamina los procedimientos a seguir para la inmatriculación en el Registro de la Propiedad de las fincas que no estén inscritas a nombre de alguna persona y establece también que puede verificarse dicha inmatriculación mediante el certificado a que se refiere el artículo 206, sólo en los casos que en el mismo se indican. Dicho artículo, da la potestad al Estado, a la Provincia, al Municipio y a las Corporaciones de Derecho público o servicios organizados que forman parte de la estructura política de aquel y a la Iglesia Católica a inmatricular fincas, cuando carezcan de titulo escrito de dominio, mediante certificación del funcionario competente en el caso de organismos públicos, o del Obispo en cuya Diócesis se encuentre radicada la finca, en el caso de la Iglesia Católica.

En resumidas cuentas, la Iglesia puede inscribir a su nombre inmuebles con la misma potestad que lo podría hacer el mismísimo Estado Español y entre otras se le concedió el derecho al Obispo de turno para ejercer con poderes similares a los de un notario (ya sabéis si sentís la llamada de Dios y os gusta el poder, chicos hay que estudiar para ser Obispos xD).

Pero eso no es todo, ya que inicialmente el artículo 206 permitía a la Iglesia la inmatriculación de bienes que carecían de propietario siempre y cuando estos no fueran templos destinados al culto católico. Bien pues en 1998, el gobierno de José María Aznar, suprimió esa excepción con el Real Decreto 1.867, sin debate previo en el Congreso de los Diputados: “se suprime por inconstitucional la prohibición de inscripción de los templos destinados al culto católico y se admite, siguiendo las legislaciones especiales sobre Patrimonio del Estado y de las entidades locales, la posibilidad de inscripción de los bienes públicos con arreglo a su legislación especial”. Recordamos que este decreto es cuando menos ruin en el aspecto en el que por aquel entonces, España ya se consideraba un Estado aconfesional.

Ésto permitió a la Iglesia registrar catedrales y otros edificios históricos de valor incalculable por menos de 30 euros, de hecho un ejemplo muy claro de esta avaricia católica fue la inmatriculación en 2006 de la Mezquita de Córdoba, monumento que es patrimonio de la humanidad. Pero es más… los gastos de mantenimiento de la misma corren a cargo del Ayuntamiento de Córdoba (lo pagamos todos los cordobeses con nuestros impuestos) pero la entrada que recauda la Mezquita por las visitas es integro para la propia Iglesia (recordemos que la Mezquita recibe una media de 1.000.000 de visitas al año, a 8€ que vale la entrada, suma una media de 8.000.000 que nuestra ciudad no solo no deja de ganar, si no que al no recibir nada de esa cantidad no hacemos nada más que perder cada año más dinero en gastos de conservación).

Esto es solo un caso de la multitud de inmatriculaciones que la Iglesia ha llevado a cabo. El único informe que existe sobre el tamaño del expolio lo realizó el Parlamento Navarro en 2008, tras una consulta de Izquierda Unida. El Arzobispado registro entre 1998 y 2007 1.086 bienes a su nombre (para ver el listado pulsa aquí).

Señores la Iglesia no muestra sino cada vez más y más veces sus pretensiones avariciosas de poder y riquezas, que por suerte están empezando a caer seriamente por su propio peso. Vuelvo a repetir esto no es un artículo en contra de creyentes, se que existen personas devotas que siguen y cumple la palabra de Jesús y pienso que eso SI es bueno. Pienso que mucha gente realmente abre su corazón y bajo la palabra de Dios ayuda a las demás personas y predica con el ejemplo. Aleluya!! digo yo por esas buenas personas. Pero la Iglesia como institución dista mucho de esa realidad de bondad y se asemeja más a las cloacas, que son reinadas por ratas tan grandes con los Obispos, o el propio Papa. Solo os digo, abrid los ojos, leed, enteraos de lo que pasa, contrastad información y sacad vuestra propia conclusión.

Javier Artacho

También te podría gustar...

Deja un comentario