El juego de la ilusión de control

A un servidor siempre le ha llamado la atención que haya muy pocos y muy pocas profesionales del estudio de la conducta humana dentro del mundo de la política. Es algo difícil de entender a priori, pues la política dicen que forma parte de la persona; todos somos políticos en cuanto que tenemos algo que decir, en cualquier momento y lugar ante cualquier circunstancia (sea en el bar opinando acerca del estilo de Belén Esteban).

Como si de un iceberg se tratase, es cuestión de profundizar para descubrir el por qué de esta carencia dentro de un mundo donde difícilmente una disciplina podría explicar, analizar y hasta predecir mejor la mayoría de eventos que se producen (eventos como la toma de decisiones, el manejo de la comunicación verbal y no verbal, largo etc.). Aun con ello, parece que cada vez hay más colegas de profesión que se sumergen dentro de este curioso y nunca indiferente mundo. Y es que existen muchos motivos por los que la Psicología va a seguir introduciéndose en la Política.

Uno de estos por qués reside en lo que se conoce como ilusión de control. Este concepto alude a la creencia de las personas de determinar los resultados sobre los que se tiene poca (o ninguna) influencia. Por ejemplo, un jugador de bolos en busca de tirar uno de los bolos que queda en pie, lanza la bola y ve que ésta no va en la dirección adecuada, y automáticamente hace ademanes de empujar con las manos queriendo indicar a la bola para que corrija la dirección. Este ejemplo es bastante simple, pero he decidido usarlo porque lo he visto más de una ocasión y no soy un jugador de bolos profesional ni asiduo precisamente. De cualquier forma, existen infinitos ejemplos de ilusión de control que se dan diariamente.

La ilusión de control es un fenómeno psíquico que tiene mucho que ver con nuestra percepción inconsciente. Es decir, tendemos a creer tener control sin siquiera darnos cuenta de que lo hacemos. Incluso desde este prisma se pueden explicar trastornos tan rígidos como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (véase “Mejor… imposible” protagonizada por Jack Nicholson), en el que los rituales como no pisar las líneas que dividen las losetas del suelo (compulsiones) se realizan para evitar determinadas ideas (obsesiones); “Para que nadie robe en mi casa, tengo que comprobar la cerradura diez veces, siempre”.

¿Qué tiene que ver esto con la política? – dirá usted. Mucho. El mundo de la política es un mundo donde se tratan conceptos bastante complejos pero, sobre todo, conceptos bastante abstractos: IPC, PIB, Prima de Riesgo, y hasta índices que pueden parecer más concretos o acotados, pero nada más lejos de la realidad, como el índice de desempleo o el nivel de renta.

Los conceptos abstractos son más susceptibles de creer ser controlados que los concretos o acotados. Es poco o nada probable que una persona tenga el total control sobre el resultado de un evento o conjunto de eventos como la crisis económica. Sin embargo, uno no tiene que buscar mucho para escuchar frases del tipo “vamos a salir de la crisis” o “vamos a reducir el paro en un millón de personas” dichas por líderes políticos en busca de votos.

Estas afirmaciones, no de forma aislada, sino contextualizadas, pueden regalar al votante la idea de tener cierto control sobre estos eventos. Evidentemente no quiero, con ello, decir que nadie tenga control sobre nada (y menos aún que votar sea algo inútil), sino que se crea una percepción de control sobre los resultados como personas individuales muy desproporcionada con respecto a la realidad. ¿Saben desde los partidos que la ilusión de control es un talón de Aquiles con el que se pueden alterar tendencias electorales? No me cabe ninguna duda. De hecho, creo que es una baza con la que juegan constantemente.

¿Cómo jugar con esta baza? En primer lugar, valiéndose del lenguaje. Si un partido político quiere hacer creer al ciudadano o ciudadana que con su voto va a acabar con la crisis, tiene que hacérselo saber, pero de una forma sutil, siempre ambigua, nada específica pero muy intensa, con mensajes emotivos y simples (“Por el pleno empleo”). También, mostrando ejemplos para fortalecer esa asociación causa (yo voto a un determinado partido) – efecto (habrá pleno empleo), como los argumentos que consisten en atribuir cambios en la economía o sociedad al partido que gobierna (para bien o para mal) cuando esos cambios tienen muchas causas y no sólo una. Esto es lo que en lógica se conoce como falacia de la afirmación del consecuente.

Desde hace tiempo, he visto como todos los partidos incumplen promesas electorales, y siguen siendo votados en mayor o menor medida. ¿No aprendemos? ¿Por qué el castigo electoral es tan sumamente pequeño ante casos de incumplimiento de programas electorales? Porque tenemos la ilusión de que podemos (nosotros, votantes) cambiar la tendencia. Porque, en lugar de cambiar nuestro estilo de lanzamiento, creemos poder alterar la trayectoria de la bola para derrumbar todos los bolos, aun sabiendo que antes eso no ha funcionado.

En resumidas cuentas, a diario tendemos a tener una ilusión de control sobre muchos de los resultados que obtenemos en nuestra vida. Si esto sucede así con cada toma de decisión en la que el significado de cada resultado es pequeño o casi irrelevante, ante unas elecciones donde hay tantas cosas en juego, tal vez deberíamos preguntarnos hasta qué punto creemos controlar nuestra decisión de confiar en uno u otro partido.

Puede parecer que con estas líneas trato de prevenir la ilusión de control… Pero no es para nada mi intención. La ilusión de control es algo que pertenece a nuestra naturaleza humana. Es además un mecanismo necesario para simplificar la realidad, puesto que ésta es demasiado compleja para el procesamiento tan básico que tenemos de nuestro entorno (por ello clasificamos, ordenamos y alistamos). Lo que sí que creo que es posible es reducir o ser conscientes de nuestras ilusiones de control… y aquí es donde quiero lanzar la pregunta final en pro de darle a esta publicación una reflexión más profunda:

 ¿Hasta qué punto merece la pena reducir nuestra ilusión de control, si con ello vamos a descubrir que somos mucho más esclavos de las circunstancias de lo que creemos?

Alberto Álamo

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1 respuesta

  1. Andrés dice:

    Muy bueno Alberto!! Por supuesto conocía de esos ademanes de control que todo ser humano tenemos, es una especie de necesidad, pero no conocía el nombre que se le da. Por otro lado, me ha gustado mucho la extrapolación de esa “ilusión de control” hacia el mundo de la política, muy bueno Alberto, good job.

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