David Bravo: «La Ley Mordaza es un eco de la Ley Sinde»

Charlando con David Bravo

Nos encontramos con David Bravo (Sevilla, 1978) en su despacho. Probablemente lo conozca. Cuando, hace ya unos diez años, se debatía en los medios de comunicación acerca de la legalidad o no de la copia privada y las descargas de contenidos en Internet, era aquel abogado, especialista en propiedad intelectual y derecho informático, que tenía una postura opuesta a la de la mayor parte de los contertulios; era al que, ocasionalmente, gritaban y llamaban lindezas. Desde entonces, no ha parado de dar conferencias. Hoy, a pesar del revés que ha representado la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, continúa con su tarea por conseguir una visión cada vez más extendida entre la sociedad: el casi ilimitado acceso a la cultura que proporciona Internet no puede ser obviado a favor de los intereses económicos de la industria. Desde este año, además, forma parte del primer consejo ciudadano de Podemos Sevilla, con la esperanza de que sus tesis «formen parte esencial del programa político» del partido que dirige Pablo Iglesias.

 

Piratería es un término que la industria ha escogido conscientemente para ganar una de las dos batallas, la mediática, y para hacer que toda aquella parte que se sitúa en tesis distintas a las suyas quede ya estigmatizada de entrada: si consigues que la división sea entre la industria de los contenidos, a favor del copyright y la restricción del acceso a la cultura, y la otra parte, que son piratas, tienes buena parte de la discusión ganada de antemano. Más allá de eso, calificar de piratería la descarga no autorizada de obras intelectuales en el momento en el que la propia ley dice que no es delictiva, y durante mucho tiempo fue de hecho legal, hace que algo choque en el sentido común.

Repasemos cómo ha ido evolucionando la legislación sobre la propiedad intelectual en los últimos años. Se cumple ahora una década desde que publicó la obra Copia este libro. ¿Qué indicaba la ley en aquel momento?
Entonces existía el llamado derecho de copia privada, que era un límite a la propiedad intelectual. Permitía las copias cuando eran sin ánimo de lucro y para uso personal. Era un límite como también lo son el de parodias o el de citas, que permiten determinados usos de la propiedad intelectual aun sin tener autorización. La copia privada formaba parte de esa categoría. Lo que se hizo ante ello fue cambiar la ley y hacerla un poco más al gusto de la industria de los contenidos…

En aquella época empieza a participar en debates, conferencias y medios de comunicación.
Sí, desde un poco antes de sacar el libro.

Sí, defendía una opinión minoritaria respecto a lo que hasta entonces uno se podía encontrar en los medios. ¿Qué panorama se encontró?
Mi posición era un poco, digamos, exótica en aquel momento, porque los medios de comunicación estaban dominados por un discurso imperante, un pensamiento único, en el que la única posibilidad que había ante la existencia de este conflicto entre propiedad intelectual y nuevas tecnologías era la restricción y la represión. Entonces, conmigo aparecía una postura diferente que venía a decir todo lo contrario: había que aceptar como algo bueno la posibilidad que abren las nuevas tecnologías de acceder a la cultura sin límites, sólo era necesario introducir algunos elementos que compensaran los perjuicios que sufrían algunos creadores, si es que algunos los sufrían, pero cambiaba el panorama de pensar que la restricción era el único camino. Se abrían entonces dos opciones distintas y dentro de ellas, una amplia gama de grises.

¿Y cómo fue recibido?
Era algo nuevo en aquellos momentos. Y lo que me encontré fue mucha dificultad porque, como le decía antes, el hecho de que la industria había conseguido que el debate se polarizara entre ellos y los piratas, obligaba a dar muchas explicaciones previas de por qué defendías eso que estaba ya aceptado que se llamase piratería, lo cual era ya una dificultad de entrada.

A finales de 2009 entra en vigor la Ley de Economía Sostenible, conocida como Ley Sinde. ¿Cuáles fueron los cambios introducidos respecto a la legislación que había hasta entonces?
Bueno, para poder entender la Ley Sinde necesitamos saber primero qué decían los jueces hasta la fecha. Los asuntos de las descargas se judicializaron. Es decir, pasamos de aquella fase de debate de la que hablábamos anteriormente, a la judicialización del conflicto. Se les hizo a los jueces dos preguntas. La primera era si los usuarios cometían o no un delito contra la propiedad intelectual, a lo que respondieron que no, que no existía delito por no existir ánimo de lucro —independientemente de si era copia privada o no—. Después de perder esta batalla, la segunda pregunta que le hizo la industria a la justicia fue si las páginas web que enlazan a los contenidos cometían delito, porque sí ganaban dinero con la publicidad. Los jueces llegaron a la conclusión de que no había tal porque enlazar no era un acto de comunicación pública, por lo tanto es una actividad que no infringe derechos de propiedad intelectual. Como no existía infracción, es irrelevante que ese acto tenga o no ánimo de lucro.

Y es entonces cuando aparece la Ley Sinde.
En este contexto, llega la Ley de Economía Sostenible, que dice: «Como estamos perdiendo todos los partidos, cambiamos al árbitro». No las normas del juego, que seguían siendo las mismas, sino que cambiaban a la persona que iba a resolver los conflictos conforme a esas mismas leyes.

Se crea entonces la famosa comisión, ¿no?
Así es. Aparece la que hoy llamamos Comisión Sinde, pero que luego terminó llamándose Comisión Sinde-Wert.

¿Por qué?
Porque la cocinó Sinde, del PSOE, pero la ley la terminó aprobando el PP. Nada más entrar, fue de lo primero que hizo. A partir de entonces, cambia el trato de los casos de propiedad intelectual, fundamentalmente referidos a páginas de enlaces cuando hablamos de Internet. La industria puede ir a los jueces ordinarios, que siguen estando ahí, pero no acuden a ellos por razones obvias: no les dan la razón. La nueva vía que se abría, y a la que la industria acudiría siempre desde entonces, es la administrativa. Ante esta vía,  hacen la misma pregunta que le habían hecho a los jueces y con las mismas normas a una comisión de supuestos expertos del Ministerio de Cultura.

¿Quiénes forman la comisión?, ¿cómo se eligen?
Son representantes de diferentes ministerios. Lo único que se les pide para formar parte de la comisión, que concretamente es la Sección Segunda del Comité de Propiedad Intelectual, es tener algunos conocimientos sobre derecho y propiedad intelectual. No titulación, sino conocimientos sobre el tema… Por tanto, no tienen ni que ser juristas, sino supuestos expertos por los conocimientos previos que tengan.

Entiendo que no está de acuerdo con considerarlos expertos.
¡Claro que no! Primero, los expertos en esta materia son los jueces. Y dentro de los jueces, se echa de menos incluso una especialización. Si en el mundo jurídico se echa en falta que los jueces tengan una especialización concreta en informática y propiedad intelectual, imagínese cuando los árbitros no son ni tan siquiera jueces. Hemos visto cómo desaparece el que era garante de la cuestión a cambio de una serie de personas sin ninguna titulación acreditada que, de momento, se erigen como los que van a resolver por ser expertos en la materia. No son mucho más expertos que yo o que, como mucho, cualquier abogado especialista en estos temas. ¡Como mucho!

Empiezan a llegar casos a la Comisión Sinde-Wert. ¿Cómo resuelven?
La industria mantiene la misma pregunta que hacía a los jueces y el resultado es que terminan diciendo lo contrario a lo que venían resolviendo los tribunales.

Una vez la comisión se pronuncia, ¿se puede apelar a un juez?
Sí, la parte perjudicada puede recurrir ante la Audiencia Nacional. ¿Qué sucede? Que se cambian las tornas. Antes, lo que sucedía y era lógico, era que la industria impulsaba un procedimiento y, si pierde, como sucedía, tenía que recurrir. Ahora, en cambio, para ir a un juez es uno mismo quien tiene que pagarse la defensa, porque la industria tiene la vía administrativa, pagada por todos los ciudadanos, ya no tiene que costearse los procedimientos: lanza una denuncia a la Administración y ésta resuelve. Por el contrario, una vez que el Ministerio de Cultura resuelve a favor de la industria, es el titular de la web de enlaces quien tiene que costear el procedimiento ante un juez. Por eso el asunto cambia radicalmente: entre las tasas judiciales, que hacen que el recurso cueste dinero a fondo perdido, y el hecho de que, al contrario de lo que la gente cree, la mayoría de estas páginas apenas dan ingresos para pagar el servidor (salvo los grandes emporios de páginas de enlaces), hacen que la mayoría se contente con la resolución, cierre la web y se acabó. Es decir, se incluye un segundo filtro: el del precio de la justicia. Antes la pagaba la industria y ahora, si uno quiere ir a un juez, se lo tiene que pagar.

¿Tiene datos sobre las resoluciones de la comisión?
Según mi experiencia, es muy sencillo. La Comisión Sinde ha dado la razón de la industria en el 100% de los casos, repito que según mi experiencia. Y por contra, cuando estos mismos asuntos se han llevado a los tribunales, en el 100% de los casos se ha dicho que las páginas de enlaces no infringen derechos de propiedad intelectual. Ante las mismas preguntas y los mismos supuestos derechos, me encuentro con estos dos tipos de resultado…

¿Cómo es eso posible?
Pues porque el criterio del Ministerio de Cultura es exactamente el opuesto al de los jueces. ¿Qué es lo que ocurre actualmente, a partir de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que entró en vigor el 1 de enero de este año?

Entiendo, entonces, que primero se cambió, como usted dice, el árbitro…
…Y ahora se han cambiado las reglas, sí.

 

LA NUEVA LEY DE PROPIEDAD INTELECTUAL

A partir de la entrada en vigor de la nueva ley, efectivamente, se produce una enorme retirada de contenidos o directamente el cierre de las grandes páginas de enlaces, tales como Series Yonkis, Series Ly, Series Pepito o Cinetube. Con nuevo árbitro y nuevas reglas, ¿se ha perdido la batalla?
En el aspecto legal, sí, creo que sí se ha perdido la batalla; aunque claro, la realidad material sigue siendo más o menos la misma. En la batalla, digamos, teórica han cambiado la norma y ahora introducen unos grandes cajones de sastre donde cabe todo. En el artículo 138 de la nueva ley se introduce un nuevo párrafo que dice que todo aquel  que coopere, induzca o favorezca una infracción de propiedad intelectual de un tercero es responsable de la misma. En ese cajón de sastre cabe todo lo que a usted se le pueda ocurrir o todo lo que pueda imaginar. Y entran también las páginas de enlaces, que se libraban, recuerde, porque no cometían infracción, porque enlazar no es comunicar públicamente. La nueva Ley de Propiedad Intelectual, para facilitar que las resoluciones de la Comisión Sinde-Wert tengan un sustento legal, dice que no sólo responde el infractor directo, sino aquél que de alguna manera, induzca, favorezca o coopere. En ese cajón entran las páginas de enlaces, si se quiere.

¿Por qué enlazar no se entendía como una comunicación pública y ahora sí?
Porque los jueces decían que enlazar es un mero dato de carácter fáctico. Los enlaces dicen donde se encuentra un contenido, pero la persona responsable del enlace no es quien lo divulga o quien lo comunica públicamente. Quien lo comunica públicamente es la página que aloja el contenido. Imaginemos Youtube, por ejemplo, que aloja un vídeo. Si yo lo enlazo, ¿quién lo comunica públicamente? Youtube, que lo aloja. En definitiva, las páginas de enlaces no son más que el índice de la enciclopedia, no la enciclopedia en sí.

Pronto tendremos el Canon AEDE, cuyo reglamento está actualmente en proceso, en funcionamiento. ¿Qué es? ¿También se ha llamado Tasa Google, verdad?
Sí, este canon fue llamado Tasa Google por los medios a los que beneficiaba su implantación para que nos pensáramos que se trataba de una cuestión que sólo afectaba a Google y que, por lo tanto, era una pelea entre millonarios que ni nos iba ni nos venía. Pero lo cierto es que, aunque Google sea el más conocido por ser el más grande, afecta a muchos más. Y le respondo qué es el Canon AEDE: es el pago de una remuneración a la que están obligados aquellos que agreguen fragmentos no significativos de noticias. Podrá hacerse sin autorización, pero pagando una remuneración a cambio. ¿Qué ocurre con esto? Que fragmentos no significativos de noticia agrega Google News, el primero, pero también otros muchos como, por ejemplo, Menéame. La definición es tan amplia que, aunque el legislador escriba con la mirada puesta en Google News, lo cierto es que, por no escribir Google News en la ley —cosa que obviamente no puede hacer—, provoca que entren en peligro otra serie de servicios que a lo mejor, a priori, no estaban entre sus preocupaciones.

¿Cuáles son las consecuencias de este canon?
Que Google News, que enviaba en torno al 70% de los usuarios a las webs de los periódicos, se encuentra con que, además de dar ese volumen de tráfico que se traduce en dinero contante y sonante por la publicidad de estas páginas, tiene que pagar. Google no obtenía ningún beneficio, ingresaba cero en España, por lo que finalmente cierra su servicio en nuestro país.

Sí.
Así, este canon se convierte en tal locura que los ciudadanos nos quedamos sin Google News, Google News se queda sin presencia en España y AEDE y sus medios asociados se quedan sin lo que pensaban recibir de Google News y sin las visitas que este agregador les aportaba.

Aquellas webs que no son agregadores de noticias, sino que simplemente enlazan algo, ¿también tendrían que pagarlo?
No, El canon AEDE no es por enlaces en sí; es por incluir fragmentos no significativos de noticias de una manera más o menos automática, una especie de repertorio de noticias. Otra cosa es que se agregue un fragmento significativo de la noticia. Entonces, directamente, se necesita pedir autorización.

A pesar de la nueva ley y el cierre de las páginas de enlaces, no parece que las descargas a través de redes P2P se hayan visto afectadas. ¿Se han mermado?
Yo no creo que hayan mermado. La situación legal es que la copia privada ha desaparecido prácticamente del panorama porque hay una nueva definición que, en el mejor de los casos, sólo entiende por copia privada aquella que el comprador hace del original. Por tanto, toda descarga queda fuera de la ley. Ésa es la interpretación más positiva. En el peor de los casos, con la más restrictiva de las interpretaciones, y probablemente por error del legislador, ni siquiera sería el original comprado por uno mismo. Porque la ley dice «adquirido por compra-venta mercantil» y la propia ley define la compra-venta mercantil como una compra que se hace para una posterior reventa. Es decir, no es la compra que hace un usuario final para su propio consumo, la ley excluye este caso de su definición. De esta forma, ni tan siquiera sería legal la copia que el comprador hace del original, creo, pensando bien, que por error y por incompetencia del legislador.

¿Cuál es la diferencia entre compra-venta a secas y compra-venta mercantil?
Si yo me compro un CD, no es mercantil, sino una mera compra-venta de un usuario particular. Una compra-venta mercantil es la compra que hace una empresa con el fin de, después, vender. Con la interpretación más restrictiva, sería ilegal que yo copie el CD. Insisto, creo que por equivocación del legislador al usar los términos, pero ese error puede tener después trascendencia.

 

LA PROPIEDAD INTELECTUAL EN LA SITUACIÓN POLÍTICO-SOCIAL

¿Por qué no hemos visto la misma oposición social que hubo contra la Ley Sinde ahora frente a la Ley Wert?
Es que la situación política y social es muy distinta. Ahora tenemos unos problemas mucho más graves y perentorios que eso. La gente está en la calle, pero por motivos mucho más urgentes. Cuando a la gente le falta pan, se preocupa menos del circo. Al fin y al cabo, aunque la cultura no sea circo, sí que es más prescindible que el pan. Ahora la gente está en la calle por cuestiones como los desahucios, no porque no puedan descargar o porque nos hayan cambiado a los jueces o… Aunque sean cuestiones graves, que lo son, la gente tiene problemas más acuciantes: no llegan al día siguiente. La situación social, con una crisis brutal promovida por los propios gestores de la misma, provoca que la gente salga a la calle por cuestiones del día a día. Ante ese panorama, nuestro asunto ha quedado en segundo plano. Si bien tenía mucha trascendencia, yo siempre lo vi así, porque mostraba un atajo que luego se ha seguido.

De hecho, usted defiende que la llamada Ley Mordaza, por quitarle atribuciones a los jueces
…¡Claro! La Ley Mordaza es un eco de la Ley Sinde. Esta ley viene de decir: «Tuvimos éxito quitando a los jueces, que no nos daban la razón, vamos a replicarlo en el apartado del ejercicio de derechos fundamentales, como el derecho de manifestación». ¿Por qué? Porque cuando la Delegación de Gobierno ha multado a ciudadanos que se manifestaban, los jueces llegaban y decían: «No, oiga, no. Es que lo que ha hecho este señor es perfectamente legal». Entonces, deciden acabar con eso. A partir de ahora se crean una serie de infracciones administrativas y que sea la propia Administración quien resuelva estos asuntos. Justo lo mismo  que se empezó haciendo con la Ley Sinde y respondiendo a la misma lógica. En definitiva, la Ley Mordaza es una consecuencia directa del éxito de la Ley Sinde.

Recordando la época de la Ley Sinde, querría repasar lo que sucedió con Álex de la Iglesia. Se hablaba mucho de estos asuntos por entonces en la Academia de Cine. Usted, junto a otros expertos en la materia, se reunió con él y le hicieron cambiar su posición. ¿Cómo le convencieron?
Álex de la Iglesia era una de esas personas que tenía una postura favorable a la Ley Sinde, pero no sabía exactamente cómo funcionaba porque se lo habían explicado gente con unos intereses muy concretos desde dentro de la industria. Sin embargo, sí que le importaba saber qué decía la ley. Porque por aquel entonces, había muchos que no sabían qué era la Ley Sinde pero tampoco les importaba, pensaban: «Me da igual lo que diga o deje de decir. Yo sé que es algo en contra de mi enemigo y todo lo que sea en contra de mi enemigo, bueno es». De la Iglesia, resulta que es un tipo honesto y no le valía cualquier tipo de arma contra su enemigo. Le importaba si era un arma de alto o bajo calibre, quería saber exactamente qué se saltaba esa norma que tanto enfurecía a la gente. Sabía que no podía ser una locura masiva, sino que algo se le debía escapar. Así que nos llamó a unos cuantos que le sonábamos de que hablábamos de estos temas y protestábamos más allá del «queremos descargar, queremos descargar». Él se olía que algo más había. Quedamos en una reunión que en principio iba a ser, digamos, privada, pero que, no sé por qué filtración, saltó a la prensa. En ella nos preguntó por qué sucedía todo aquello, qué se le estaba escapando. Le explicamos que los jueces nos daban la razón y que él podía estar en contra, para eso están los recursos, e incluso se puede presionar para que cambien las leyes y que haya otras normas del juego distintas. Lo que no se puede hacer, le dijimos, es quitar al árbitro y poner a otro que arbitre a tu favor. Porque eso es un atajo demasiado obvio que abre una espita que no sabíamos adónde nos iba a llevar. Ante aquello, De la Iglesia hizo algo inaudito en este país: cambiar de opinión. Y nos lo hizo saber al término de la reunión. ¿Qué pasó? Su opinión no coincidía con la que debería tener el representante de una industria que, en global, tiene una visión distinta.

¿Entiende que dimitiera o cree que debería haber aprovechado su posición para defender su nueva postura?
Me parece que habría sido insostenible que siguiera como presidente de una asociación, de una industria, que promovía y daba discursos completamente distintos. Es decir, ya no representaba aquello. Su opinión chocaba frontalmente con la de la estructura ejecutiva del cine. Ante eso, lo más coherente era dimitir. Es decir: «Ya no puedo seguir siendo el guiñol de una ejecutiva que me dice que diga cosas opuestas a las que yo pienso; por otro lado, no puedo decir sólo lo que pienso yo porque se supone que mi función es representar a estos tipos, no representarme a mí mismo». Entonces le sustituyó [Enrique] González Macho, que es la persona idónea para mantener ese discurso. Ya antes de ser presidente de la Academia decía chorradas del tipo «el cine no es caro, pero si te tomas doce whiskys antes de entrar y nueve al salir, entonces sí sale caro». Este tipo de personas son perfectas para mantener el discurso, pero Álex de la Iglesia, siendo alguien honesto y coherente con sus propias ideas, no podía seguir haciéndolo. Yo creo que es de los más valientes que he conocido a lo largo de esta batalla. No de la otra parte solamente, también incluyendo la mía.

En aquel momento, decíamos, la lucha a favor de las descargas era casi una de las banderas de la sociedad civil. ¿Crees que es una semilla de lo que después se convertiría en el 15M?
Los que estábamos allí en aquel momento vimos bastante claro que, más que la lucha a favor de las descargas, fue la oposición a la Ley Sinde. Tenemos bastante clara esa conexión. Aquella oposición dio el pistoletazo de salida al movimiento No les Votes, que se creó entre ocho personas (incluido yo). Básicamente, decíamos «no votes más a estos dos, ni PP ni PSOE, porque promueven leyes que son como esta de aquí, la Ley Sinde». Pedíamos que se votara a partidos minoritarios, acabar con un bipartidismo que nos llevaba a situaciones como aquella. Cuando se creó No les Votes, empezó a llegar mucha gente que nos preguntaba cómo ayudar, qué podían hacer. Nosotros respondíamos: «No propongas, haz». Y comenzaron a crearse, digamos, células dispersas que hacían sus propias campañas. De ahí la gente que salía a la calle protestando durante los Goya, con sus caretas de Anonymus, las primeras manifestaciones en la calle —muy poco concurridas—, etc. En definitiva, se fomentaban dos ideas: primero, el bipartidismo tiene que acabarse y, segundo, hay que trasladar la pelea a la calle. A partir de aquello empezaron a salir otros grupos como Juventud sin Futuro o Democracia Real Ya, que fue la que finalmente convocó la manifestación del 15M. La oposición a la Ley Sinde, por concluir, no llevó al 15M, pero sí fue el germen de No les Votes, que fue, a su vez, uno más de los que contribuyeron al estallido social que significó el 15 de mayo.

 

DAVID BRAVO, MIEMBRO DE PODEMOS

Y en éstas, llega a Podemos. ¿Qué le lleva a pasar a la primera línea de la política?
En realidad, siempre he estado en política. Mi posición respecto al derecho de la propiedad intelectual no es sólo jurídica, también es política. Cuando llega Podemos, que es una extensión del 15M y que nace de sus rescoldos, tomando toda la indignación y convirtiéndola en partido, me pareció el sitio idóneo donde debían descansar las ideas de las que llevo hablando mucho tiempo. También, sobre todo por la convicción de que —a pesar de que desde mi pequeña trinchera se han conseguido pequeñas victorias—, la batalla final siempre se pierde si están en los despachos los mismos tipos que hacen las normas del juego o van a elegir a su antojo a quienes juzgan. Ante esa situación de total frustración, de que el juego de primera división, el que realmente cambia las cosas, está en esos despachos, llegué a la conclusión de que la única manera de hacer algo es entrar en esos despachos y sacarlos de ahí, poniendo a los propios ciudadanos a hacer esas leyes.

¿Le llamaron desde Podemos o usted se acercó a ellos?
Me llamaron ellos. En Sevilla, me dijeron que se iban a celebrar las elecciones para el consejo ciudadano. Me propusieron entrar en una lista determinada y dije que sí. Aunque algunos partidos antes me habían tocado, no me interesó ninguno. Éste, que era virgen y nuevo, me pareció el idóneo. Porque con los otros me sonaba más bien a «quiero sumar un nombre a un partido ya hecho, con una ideología ya hecha, sólo para mostrarlo por ahí». Sin embargo, Podemos no, Podemos está por hacer, sus cimientos están por hacer.

No en vano, no existe una postura oficial de Podemos respecto a la propiedad intelectual.
Exacto, todavía no. Los otros partidos, a los que nunca les ha interesado este asunto, sólo se han interesado por mí en momentos de periodo electoral o cuando ha habido una explosión muy fuerte, como la Ley Sinde. En aquella época, como la cocinaba el PSOE, me llamó el PP para que me reuniera con ellos para, en fin, vender una postura de supuesta conflictividad con esa ley utilizando mi nombre, cuando después fueron los propios Populares quienes la aprobaron. Entonces, a todos esos partidos que me llamaban les decía que no, porque querían utilizarme con motivos electoralistas. Sin embargo, construir la hoja en blanco que es Podemos sí que me interesa.

Pasan las primarias y sale elegido miembro del consejo ciudadano de Podemos Sevilla. ¿Cuál es su función dentro del mismo?
El consejo ciudadano lo componemos 25 personas, 24 y la secretaria general [Begoña Gutiérrez]. Somos los que tomamos las decisiones relativas a la organización interna del partido. Ésa es la función del consejo ciudadano y yo soy uno más de los consejeros. Más allá de eso, lo que yo aporto es, en el apartado de cultura, introducir las leyes de propiedad intelectual, la promoción de las licencias libres… En definitiva, expandir mis ideas sobre propiedad intelectual dentro, desde Sevilla, pero con la intención de que lleguen al corazón del propio Podemos —y a partir de ahí, a todas las circunscripciones territoriales—, para que formen parte esencial del programa político.

Pronto, a finales de mayo, son las elecciones municipales. Sabemos que no se presentarán como Podemos por decisión de la cúpula del partido, sino que van a apoyar la plataforma ciudadana Sevilla Sí Puede. ¿Va a formar parte de esa candidatura?
No, he decidido que no me presentaré en esa agrupación. Creo que tengo poco que aportar ahí y, además, tengo la sensación de que no debo duplicar cargos. Ya estoy en el consejo ciudadano de Sevilla, veo que mis opiniones se toman en cuenta y que, poco a poco, van llegando a donde yo quiero, que en definitiva es a Madrid, porque las cuestiones de las que yo hablo tienen que ver con leyes troncales que se hacen a nivel estatal. Hasta ahora, ésas son mis funciones y no tengo intención de ampliarlas mucho más.

Entonces, ¿no se ve como concejal?
No.

¿Y de ministro de Cultura?
No, tampoco me veo. De concejal, seguro que no… Creo que yo, en el terreno de las elecciones municipales, y como concejal, tendría muy poco que ofrecer, sinceramente. Después, a nivel estatal quizá tendría más que aportar; pero no me planteo nada, y menos lo de ministro de Cultura, creo que no es mi oficio.

Pero, ¿quizá sí formar parte del ministerio?
Yo me colocaré en un sitio donde se pueda aprovechar todo mi estudio de los últimos doce años, pero no necesariamente en un cargo que sea visible. A veces, los cargos que más cosas cambian no están en primera línea. Yo quiero estar donde se cambie algo más que en un sitio donde funcione, en realidad, como portavoz del trabajo de otros. Prefiero una labor más técnica que estrictamente política.

Se sabe bastante sobre el programa de Podemos a nivel nacional; sus líneas básicas son, más o menos, conocidas. Sin embargo, a nivel municipal…, ¿cree que hay un vacío?, ¿qué proponen, en este caso, en Sevilla?
¡Sí, sí! Es que está por hacer, todo está por hacer. El problema que ha tenido Podemos aquí es que se ha encontrado con el adelanto de las elecciones andaluzas. Y, claro, lo que han hecho es volcarse con estos comicios, crear el programa para Andalucía, que creo que se colgó hace poco en Internet y se puede votar. Es verdad que el asunto municipal, como ni siquiera se va a presentar a las elecciones de mayo, se ha quedado relegado. No existe todavía un programa concreto más allá de ideas generales. Yo creo que ése fue el problema que se encontró la secretaria general cuando le hicieron algunas preguntas demasiado concretas sobre el programa. No sabía qué contestar y decía cualquier cosa. Lo cierto es que yo creo que ahí lo que hay que contestar es la realidad: todavía no está definido.

No piensan quitar la Semana Santa entonces, ¿no?
No, no. Eso está claro. Como le decía, sólo tenemos cuestiones muy genéricas. Lo de la Semana Santa, evidentemente, ni siquiera se llegó nunca a plantear.

Hablemos de las elecciones andaluzas. ¿Le sorprendió la ruptura del pacto entre PSOE e IU?
Pues no demasiado. La verdad es que los movimientos de la vieja política en la que ya, lamentablemente, Izquierda Unida ha caído… El propio pacto era más sorprendente que la ruptura del mismo. Me parece que entra dentro de la lógica interna de estos partidos.

¿Cree que está habiendo un cambio positivo en Izquierda Unida con la promoción de Alberto Garzón?
Sí… Lo que pasa es que yo no creo demasiado en los líderes. Garzón me parece una persona estupenda e idónea para IU, pero no confío en la figura del líder como tal, sino que confío en la estructura de los partidos. Y si IU tiene una estructura que se ha anclado demasiado en lo que llamamos vieja política, poco puede hacer él respecto a esa cuestión. Él es una persona joven y preparada, pero el hecho de que él lo sea, no hace que lo sea su partido. Por lo tanto, es un poco un lifting formal; no lo voy a comparar con Pedro Sánchez, obviamente, porque no tiene nada que ver. Garzón es una persona muy distinta, y además muy válida, mientras que Sánchez todavía no ha dado muestra de ninguna de esas dos cosas. Pero no, por mucho que guste Alberto Garzón, no por eso la estructura de IU ha cambiado con su elección. Me parece un buen paso, pero no el fundamental.

Si nos fijamos en las encuestas,  en contra de lo que sucede a nivel nacional e incluso en otras comunidades autónomas, donde sí se rompería el bipartidismo, en Andalucía PSOE y PP siguen sumando más de la mitad de los escaños, ¿por qué cree que sucede esto?
No sé, Andalucía siempre ha tenido una desmedida relación de amor con el PSOE, no sé muy bien por qué. Y cuando han tenido escándalos, sólo cuando han tenido escándalos de importancia, lo que siempre se ha planteado es la alternativa del PP. Andalucía no parece muy dada a los cambios y mucho menos a pensar que el cambio del PP, como sucede por ejemplo en Sevilla, sea algo distinto al PSOE. Es una cosa que está ahí arraigada desde siempre. No sé, no es una cuestión que haya analizado, pero sí es cierto que en Andalucía hay menos opciones. El propio Luis Alegre va por ahí comentando la cuestión de esas pocas opciones. Pero bueno, eso no quita que Podemos, como ya dijo, va a salir a ganar en Andalucía, otra cosa distinta será que lo consiga o no.

Quizá se vea en la tesitura de pactar.
Es posible. Lo que no sé es a qué conclusión llegará. Eso queda muy lejos de mi competencia.

¿Han llegado las elecciones demasiado pronto?
Sí, sin duda. ¡Para eso se han adelantado! Lo que ha hecho Susana [Díaz] es decir: «Vamos a ver, aquí qué hay, ¿un embrión de un partido que me va a hacer sombra?, pues cuanto antes sean las elecciones, mejor. Cuanto menos formado esté el embrión, más opciones tengo de salir airosa». Claro que han llegado pronto.

Neftalí Caballero

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2 Respuestas

  1. Neftalí Caballero dice:

    Gracias, Javier. Toda la razón, algunos de los zascas de David Bravo fueron monumentales jejeje

  2. lapancartadebitacora Javier Artacho dice:

    Muy bueno este rato de charla que has tenido con David Bravo Neftalí. Es un personaje que se encuentra entre mis favoritos y que sigo desde aquellos maravillosos vídeos que nos has mostrado, donde había zas cada dos por tres 😀

    Muy buen trabajo, si señor!

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