Alberto Martínez: «El TTIP serviría para seguir presionando sobre los salarios y las condiciones laborales»

Hablamos sobre las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés) entre la Unión Europea y Estados Unidos, uno de los temas más desconocidos, a la par que polémicos, de la actualidad política. Para ello, quedamos con el economista Alberto Martínez, miembro de la organización ATTAC y de la plataforma No al TTIP, inmersa en plena campaña de comunicación contra lo que consideran un silenciamiento deliberado por parte de los grandes medios de comunicación, ya que, asegura Martínez, la firma de este acuerdo provocaría el derrumbe de ciertas barreras para las multinacionales, que «para ellas son innecesarias, pero enormemente importantes para la ciudadanía. Al fin y al cabo, se trata de toda la red de controles, normas y regulaciones que se han ido tejiendo a lo largo de muchos años para mejorar nuestra vida y proteger el medioambiente».

 

Usted es miembro de ATTAC, un movimiento internacional antiglobalización. Para empezar a posicionarnos, ¿qué es la globalización?
Haciendo algo de Historia, nos remontamos a 1995, cuando se crea la Organización Internacional de Comercio [OMC] y, también, a la desintegración de la URSS y el resto de países de economía planificada, que significaban prácticamente la mitad de la población y de la economía mundial. Las grandes multinacionales no podían entrar en estos mercados. A partir de la desaparición de este bloque, comienza lo que llaman mundialización o globalización, que venía a instaurar un régimen de desregulación total, tanto en movimientos de capitales como en movimientos de mercancías y servicios. Esto ha sido el gran chollo de las grandes corporaciones transnacionales para no tener ningún tipo de barreras a la hora de hacer negocios.

¿Podemos enmarcar el TTIP dentro de la lógica de la globalización?
Totalmente. Como le decía, a partir de la creación de la OMC se empezaron a introducir tratados de comercio e inversiones internacionales multinacionales en principio y luego, cuando empezaron a tener problemas para su aprobación, los acuerdos fueron bilaterales. Efectivamente, los tratados hasta ese momento habían sido de comercio, referidos fundamentalmente a la rebaja de aranceles. Es decir, los estados se ponían de acuerdo para reducir sus tasas a la importación para promover el intercambio de mercancías entre dos, tres o más países. A partir de la OMC, se crea un concepto nuevo: la protección de las inversiones. No sólo ya la rebaja de aranceles, sino también la desregulación de normativas que, al fin y al cabo, protegen la vida de los ciudadanos.

Actualmente, el TTIP se encuentra en fase de negociación.
Sí, a principios de marzo se produjo la octava ronda de negociaciones, que fue en Bruselas. La próxima, la novena, será en abril en Washington. Se van alternando, a veces se hacen en Estados Unidos y otras veces en Europa.

Hace poco, por primera vez los europarlamentarios tuvieron acceso a los documentos y…
…Sí, eso se enmarca dentro de la nueva política que están llevando adelante para contrarrestar las críticas que venían recibiendo por la opacidad de las negociaciones.

De hecho, el acceso fue bajo vigilancia, por un máximo de dos horas y con la condición de no hacer pública ninguna información al respecto.
Efectivamente, en una sala que llaman de lectura, dentro del edificio de la Comisión Europea, en Bruselas. Al principio, sólo podían acceder quienes estaban como jefes de los diferentes grupos parlamentarios en la Comisión de Comercio Internacional. Solamente eran siete personas. Ahora han abierto la mano y cualquier europarlamentario puede acceder a esta sala de lectura pero, efectivamente, con las condiciones que comenta: no pueden entrar ningún tipo de dispositivo que pudiera servirles para fotografiar o grabar, ni siquiera con un bolígrafo. Y además les dan dos horas, sí, pero tienen prohibido hacer pública la información e incluso compartir lo poco que puedan consultar en ese tiempo con otros compañeros del Parlamento Europeo.

¿A qué se debe tanto secretismo?
Es muy comprensible, lo dice todo. Si no quieres que nadie sepa lo que estás haciendo, procuras que nadie se entere. Es que el TTIP va única y exclusivamente a favor de las grandes corporaciones transnacionales, va a perjudicar muchísimo a la población en general. Por lo tanto, no les interesa que se sepa lo que hay dentro de ese tratado.

¿Quiénes están llevando a cabo las negociaciones?
El jefe del grupo negociador de la Unión Europea es un español, Ignacio García Bercero. Pometió a su homólogo, Dan Mullaney, que durante los próximos 30 años no se harán públicos los documentos de la negociación. Fíjese por dónde van los tiros en el sentido de la transparencia.

O sea, que la negociación no se hará pública incluso en el eventual caso de que se selle el pacto.
¡Sí, sí! De cualquier forma, se firmase o no, ellos no quieren que la población en general conozca los términos del acuerdo que están negociando. Y al final,  incluso aunque se aprobara, que no se va a aprobar, no quieren que se sepan las posiciones de cada parte ni los detalles de la negociación. Porque, cuando se han ido sabiendo cosas a través de filtraciones en los últimos años, hemos visto las barbaridades que existen en ese tratado.

Me comentaba que próximamente se iniciará la novena ronda de negociaciones. ¿Hay un plazo establecido para llegar a acuerdo?
En teoría, querían aprobarlo este año, en 2015, para evitar meterse en 2016, cuando hay elecciones presidenciales en Estados Unidos. Para esa fecha, habrá mucho debate en el Congreso estadounidense y, por ello, no les interesaba que en 2016 todavía no estuviera firmado el acuerdo. Pero eso no va a ser así, ni muchísimo menos. Los propios países de la Unión y la Comisión dicen que es imposible firmar el acuerdo este año y ya veremos el próximo; si es que al final se firma, porque vamos a hacer todo lo posible por que no sea así.

Aun desconociendo el texto exacto del TTIP debido a este nivel de secretismo, ¿se pueden decir las medidas que propone?
Sí. El TTIP va mucho más allá de lo que es un tratado comercial. Lo de menos es incrementar el comercio, que ya es muy fluido entre Estados Unidos y la Unión Europea. Tenga en cuenta que los aranceles están alrededor del 3% de media de importaciones y exportaciones entre las dos regiones. Por tanto, actualmente no hay ninguna dificultad para el comercio entre ambos.

Por comparar, ¿cómo son los aranceles respecto a otros países o regiones?
Bueno, son muy diversos. Europa tiene establecidos acuerdos bilaterales con muchos países y varía mucho de unos a otros. Habría que meterse en los datos concretos de cada caso. Pero bueno, en términos generales los aranceles han bajado muchísimo en los últimos 10-15 años, precisamente a partir de la creación de la OMC. Realmente, lo que está detrás del TTIP es lo que llaman «alinear» o «armonizar» las regulaciones y normativas existentes, que no son propiamente aranceles. Porque las grandes multinacionales consideran que son barreras burocráticas innecesarias que, dicen, perjudican el comercio. Pero claro, esas barreras que para ellos son innecesarias, son enormemente importantes para nosotros, para la ciudadanía. Porque, al fin y al cabo, se trata de toda la red de controles, normas y regulaciones que se han ido tejiendo a lo largo de muchos años para, fundamentalmente, mejorar nuestra vida y proteger el medioambiente.

La eventual aprobación del acuerdo, ¿tendría que pasar por el Europarlamento sí o sí?
Sucedería como con el CETA, que es otro tratado de libre comercio e inversiones; en este caso, con Canadá. En septiembre del año pasado, se llegó a un acuerdo por ambas partes. Pero ahora tiene que ser ratificado, lo que también sucedería con el TTIP. Hay dudas sobre cómo se tendrían que ratificar: si se considera que estos acuerdos, según el Tratado de Lisboa, son competencia exclusiva de la Comisión Europea, pasarían solamente por el Consejo Europeo y por el Europarlamento para su ratificación. Pero, por otra parte, tanto el TTIP como el CETA podrían ser considerados, como de hecho hay muchas probabilidades de que suceda, tratados mixtos, debido a que no sólo se refieren al comercio y la inversión, sino que también hay algunas otras cosas que están más allá de las competencias estrictas de la Comisión Europea. En este caso, también tendrían que ser ratificados por los parlamentos nacionales de cada uno de los 28 países miembros, lo que, obviamente, conllevaría un proceso mucho más largo y complejo.

En España, el grupo de La Izquierda Plural ya llevó el TTIP al Congreso el año pasado. ¿Qué ocurrió?
Sí, la Izquierda Plural presentó un Proyecto no de Ley que proponía rechazar las negociaciones del TTIP y que, en última instancia, si se llegase a aprobar, tendría que ser ratificado en un referéndum de escala europea o, si no, en cada uno de los países de la Unión. El proyecto fue rechazado por PP, PSOE, UPyD y CIU, que votaron en contra.

¿Qué argumentaban estos partidos para votar en contra?
Las motivaciones típicas del neoliberalismo, que el comercio es bueno per se, que este tipo de tratados benefician a la población, aumentan el producto interior bruto, crean empleo, benefician a la pequeña y mediana empresa [pymes]… En fin, todos estos cantos de sirena, ¿no? Estas listas de los Reyes Magos que luego se demuestran mentira.

¿Cuál es la situación en el Parlamento Europeo?
Hay dos grupos abiertamente en contra: la Izquierda Unitaria Europea [por España: Izquierda Unida, Podemos, Anova y Bildu] y el grupo de Los Verdes [L’Esquerra per el Dret a Decidir, Iniciativa per Catalunya Verds, Coalició Equo/Compromís]. Luego hay una serie de posiciones intermedias en el grupo de los socialdemócratas, que están en contra del ISDS, que luego podríamos explicar qué es. Algunos están más a favor y otros menos. En fin, tienen un debate interno bastante intenso sobre este tema. También los grupos llamados populistas, los que están en contra de la Unión Europea, como Alianza Nacional Francesa u otros grupos de extrema derecha que por razones puramente nacionalistas se oponen al TTIP.

¿Qué es el ISDS?
Son las siglas en inglés de lo que se ha denominado Mecanismo de Resolución de Conflictos Inversor-Estado. Esto es una aberración jurídica. Significa poner al capital privado internacional a la misma altura legal que los estados. De esta forma, lo más grave es que da facilidad y permite a empresas extranjeras que han invertido en un país —o incluso que no han invertido, sino que tienen proyecto de hacerlo—, demandar a los estados si consideran que lo que aprueben en favor de sus ciudadanos o del medioambiente perjudica sus beneficios presentes o futuros. Así, cualquier ley laboral, como por ejemplo el aumento del salario mínimo, que proteja el medioambiente o que regule la seguridad de los alimentos… Cualquier ley sobre cualquier cosa que estas empresas consideren que no les interesa —porque disminuirían o no les permitiría aumentar o mantener sus beneficios—, podría ser demandada dentro de estos tribunales que no están dentro de las normas jurídicas establecidas, sino que son instituciones privadas compuestas por tres abogados especializados en comercio internacional, que muchas veces trabajan para las grandes empresas. Estos tribunales, en muchísimos casos han dictado sentencias en contra de los países que les obligan a pagar indemnizaciones enormemente gravosas, súpermillonarias. Sobre este asunto hay innumerables ejemplos; si quiere, le cuento alguno.

Yo conozco algo que sucedió en Quebec [Canadá] a propósito del NAFTA.
Sí, en Quebec una empresa de Fracking le metió una demanda al gobierno porque habían aprobado una ley en contra de esta técnica. La cuantía, creo recordar que rondaba los 3.000 millones de dólares. Fíjese, Canadá, en virtud del acuerdo de libre comercio que firmó en 1994 con Estados Unidos y México [NAFTA], ha recibido 35 demandas de este tipo, lo que le ha supuesto un desembolso de más de 136 millones de euros. Pero más allá de eso, el problema es que, desde que el acuerdo está vigente, no hacen medidas sociales. O sea,  no se atreven: una de las consecuencias más perjudiciales de este tipo de cláusulas es que, ante el peligro de recibir una demanda por parte de las multinacionales, los gobiernos se ven retraídos a la hora de aprobar cosas.

El dinero con el que se pagan esas indemnizaciones es público, ¿no?
Lógicamente, sale de los productos nacionales. Lo tenemos que pagar entre todos, claro que sí.

¿Es el NAFTA el tratado más antiguo de este tipo?
Sí, es previo incluso a la creación de la OMC. Fue el primer experimento de acuerdo multilateral, se firmó en los años noventa. A partir de ahí, como luego la OMC tuvo muchos problemas para llevar adelante ese tipo de tratados, lo que hicieron fue establecer tratados bilaterales en lugar de multilaterales, porque son más fáciles de aprobar. Y  es que normalmente las grandes potencias, como Estados Unidos y Europa, tienen mucho más fácil negociar con estados pequeños para imponer así sus condiciones. Efectivamente, el NAFTA fue el primer gran tratado de comercio e inversiones que se firmó, sí.

De hecho, la derogación de este acuerdo fue una de las reivindicaciones de los zapatistas en México.
Sí, tenga en cuenta que la firma del tratado fue una auténtica hecatombe para México. Supuso la destrucción de cientos de miles de pequeñas y medianas explotaciones agrarias, así como de miles de pequeñas y medianas empresas. Fíjese que este tratado les ha convertido en lo que se llama un estado fallido, un estado dependiente del narcotráfico. Es que muchos de los campesinos se arruinaron tras la firma del NAFTA, que permitió a Estados Unidos inundar el mercado mexicano con sus productos agrarios (más baratos porque están subvencionados). Así, obligó a muchísimos de los campesinos mexicanos a emigrar al propio Estados Unidos o a cultivar hoja de coca o marihuana, eso es lo que ha pasado. A partir de entonces, efectivamente, se produjo una explosión de la economía mexicana en relación con las drogas.

Más allá de la primera experiencia del NAFTA, Estados Unidos tiene tratados de libre comercio con buena parte de Latinoamérica, Israel, Marruecos, Vietnam…
…Sí, pero no solamente Estados Unidos, Europa también, ¡eh!

¿Europa también?
Hay alrededor de 3.000 tratados bilaterales firmados entre las grandes potencias económicas y otros países del resto del mundo. El problema es que la mayoría de estos acuerdos han incluido la cláusula de la protección de las inversiones. De esta forma, son fundamentalmente empresas norteamericanas y europeas las que demandan a estados por esta pérdida supuesta de beneficios. Podemos hablar de Ecuador, por ejemplo: una empresa de explotación de petróleo demandó al país por un importe de varios miles de millones de dólares ante un tribunal de arbitraje porque habían cancelado su contrato, y eso que Ecuador actuó después de que la empresa incumpliese ciertas cláusulas.

¿Y la empresa ganó la demanda?
Sí, sí. El Estado se vio obligado a pagar una indemnización. En todas estas demandas interpuestas ante tribunales de arbitraje privados, alrededor de las dos terceras partes de las sentencias van en contra de los gobiernos.

Parece que con estos acuerdos, el pez grande siempre acaba por comerse al pequeño.
Sin duda alguna, ¡ése es el juego!

Me ha contado que los tribunales estarían compuestos por tres abogados privados, pero ¿quién los elige?
Son tres, entre comillas, jueces: uno lo nombra la empresa que demanda; otro, el estado demandado y luego, una tercera persona que se acuerda entre las dos partes. Pero ya le digo, estas personas a veces ejercen de abogados defensores y otras veces de jueces. Pertenecen a un número muy pequeño de bufetes especializados que están relacionados de forma muy directa con las multinacionales. Por tanto, la tendencia de estas personas es la de beneficiar a las empresas y no a los estados.

Otro de los puntos que ustedes denuncian del TTIP es que, en caso de firmarse, afectaría a los derechos laborales de los europeos. ¿En qué sentido?
En un sentido muy sencillo. El sistema actual se basa en un comercio de competencia y no de colaboración. Esto crea la tendencia de que la producción se va a desplazar a donde existan los costes salariales y de producción más bajos. Ya lo estamos sufriendo. En España ya hemos visto que en los últimos años, las reformas laborales han ido siempre en la misma dirección: rebajar las condiciones, rebajar salarios y deteriorar todo lo que está relacionado con la protección del trabajador porque, como dicen que hay que competir en el mercado mundial, con los chinos por ejemplo, aquí hay que tomar esas medidas para poder hacerlo. En el caso del TTIP, ¿dónde están las normas laborales más débiles? En Estados Unidos, que no ha firmado la gran mayoría de los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Fundamentalmente, los derechos de negociación colectiva, de sindicación o de huelga. Como dicen que hay que armonizar y alinear normativas en las dos partes del tratado, esto va a suceder a la baja, no al alza. Ése va a ser uno de los tantos motivos que van a aducir para segur presionando sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

Es decir, que la armonización o alineación a la que hacen referencia, ¿siempre va a ser a favor de las multinacionales y en contra de los trabajadores?
Lógicamente, cuando hablan de armonizar o de alinear ambas normativas, están pensando siempre en hacerlo a la baja, no al alza. No están pensando, ni muchísimo menos, en mejorar las condiciones de trabajo, todo lo contrario. ¡Eso está clarísimo!

Parece que uno de los sectores donde más cambios se implantarían es en el alimentario. ¿Qué ocurriría si definitivamente se sella el pacto?
Ya lo hablábamos anteriormente, ¿no? Todas las regulaciones y normas que se han ido estableciendo a lo largo de muchos años para proteger a los trabajadores, las personas en general, y el medioambiente van en el sentido de los controles: la seguridad de los alimentos, los productos químicos, la protección de nuestros datos personales en Internet, etc. En lo referente a seguridad alimentaria, hay que tener en cuenta que existe una gran discrepancia entre las condiciones que rigen en Estados Unidos y Europa. Aquí tenemos el principio de precaución, mediante el que cualquier empresa que quiera poner un producto en el mercado, tiene que asegurar fehacientemente que no es perjudicial para la salud. Y si existe cualquier tipo de duda, ese producto no se comercializa. Ésa es una garantía que en Europa se consiguió hace ya bastante tiempo. En Estados Unidos sucede justamente lo contrario. Si alguien se ve perjudicado por un producto en su salud o en el medioambiente, tiene que poner una demanda al productor. Porque es el Estado el que tiene que demostrar que el producto es perjudicial.

Por bajar de la generalidad, ¿podría darme algún ejemplo?
En Estados Unidos, el 70% de los productos de un supermercado contienen transgénicos. En Europa no es así, aquí el control es bastante fuerte. Muy pocos transgénicos están autorizados y, además, hay obligación de etiquetarlos como tales. En Estados Unidos, la necesidad de etiquetar no existe. El 90% de la carne que se vende allí está tratada con hormonas del crecimiento, lo que en la UE está prohibido. Los pesticidas también tienen un control mucho más estricto en Europa. Entonces, como no sólo hablamos de armonización, sino también del reconocimiento mutuo de normativas, un producto que llegase de Estados Unidos sería aceptado sin pasar los mismos controles a los que se someten los europeos.

Entiendo que los productos tratados con los métodos que ha mencionado anteriormente serían más baratos que los europeos, ¿no?
El problema es que habría dos tipos de alimentos. Por un lado, los baratos, para las personas con un nivel adquisitivo bajo. Serían pura basura, ni más ni menos, ¡pura basura! Y, por otro, alimentos más controlados, producidos por Europa y cuyo proceso de producción sí conoceríamos. Serían más caros y solamente estarían al alcance de la gente con mayor poder adquisitivo. Respecto a los productos agrícolas, las explotaciones que hay en Estados Unidos son 13 veces más grandes que las de aquí; por lo tanto, desde el punto de vista del precio, son mucho más competitivas. En Europa se cuida mucho más la producción pequeña, familiar y sin aditivos químicos. De aprobarse el TTIP, todo esto sufriría muchísimo, debido a la importación masiva desde Estados Unidos.

Visto así, además de los trabajadores, ¿también perderían las pymes?
Sí, sin duda. Tenemos ejemplos como el que le comentaba de México. Hay ejemplos ya, no hay necesidad de imaginar nada. Sabemos lo que sucede, que las pymes pasan a ser totalmente dependientes de las multinacionales mientras que éstas se hacen cada vez con una mayor parte del mercado. En el comercio, no hay más que darnos una vuelta por nuestras ciudades y ver cómo las franquicias y las grandes empresas acaparan prácticamente la totalidad, provocando que el pequeño comerciante desaparezca. Una de las razones propagandísticas que aducen los defensores del TTIP es que las pymes se van a beneficiar, porque podrían exportar más a Estados Unidos. Esto es absolutamente mentira: las exportaciones de España a Estados Unidos representan un mísero 4% de las totales de nuestro país. Y eso con los aranceles tan bajos que ya existen. Por tanto, en unas condiciones que ya facilitan la exportación, ese 4% no significa nada y, además, no se modificaría sustancialmente con la aprobación del TTIP. En definitiva, las pymes nunca se benefician de este tipo de tratados, siempre salen perjudicadas.

¿Serviría el TTIP para desregularizar aún más los mercados financieros?
En este caso es Bruselas la que presiona a Estados Unidos. Hace algunos años, desde Washington aprobaron una serie de normativas a partir del estallido de la burbuja en 2008. Se promulgó la Ley Dodd-Frank, que establece una serie de controles de los bancos de inversión para reducir el peligro de especulación y de estallido de burbujas. En Europa, fundamentalmente la banca alemana y la city londinense están presionando muchísimo para que eso se elimine. Ahí parece que están tocando piedra porque, de momento, a pesar de la presión, parece que Estados Unidos no está dispuesto a dar marcha atrás.

Otro de los puntos controvertidos es la posibilidad de que las empresas puedan compartir los datos de sus clientes entre sí.
Dentro de este capítulo hay presiones muy fuertes para aumentar los derechos de propiedad intelectual: se busca aumentar el período de vigencia de las patentes. Fundamentalmente, las empresas de productos relacionados con la salud. Quieren acabar con la producción de medicamentos transgénicos porque, claro, eso les hace mucho daño. Y, por otro lado, también hay que hablar de la privacidad en Internet. En 2012 se puso en marcha una ley, un tratado llamado el ACTA, que querían imponer las grandes multinacionales del sector cultural para convertir a las proveedoras de Internet prácticamente en espías de los usuarios, para poder demandarlos por aquello de la descarga e intercambio de ficheros.  Esto se rechazó por una inmensa mayoría, con más de 400 votos en contra, incluido el grupo de los populares europeos. Bien, pues esto ahora lo quieren introducir en el TTIP por la puerta de atrás. Efectivamente, es otro de los grandes peligros de este tratado.

Quienes defienden este acuerdo hablan de que impulsaría la creación de muchos empleos
Esto forma parte de la ofensiva propagandística que están haciendo. Hay cuatro estudios encargados por la Comisión Europea para evaluar el impacto del TTIP en la economía y los puestos de trabajo. El que daba mejores cifras, hablaba de un incremento del 0,5% del PIB europeo a lo largo de los próximos 10 años. Como dijo Susan George, eso significaría un café anual para cada familia europea. La propia Comisión, dentro de esos mismos estudios, asegura que el trabajo se vería gravemente afectado, incluso recomienda que los estados pudieran hacer uso del dinero de los Fondos de Cohesión para hacer frente a ese problema. Pero es que además hay estudios independientes, como el del economista Jeronim Capaldo, que dicen todo lo contrario: habla de la pérdida neta de unos 600.000 empleos, especialmente en el norte de Europa, más que en el sur. Por lo tanto, es otra falacia que nos intentan colar. Tenemos también la experiencia previa, volviendo al ejemplo de NAFTA, que significó la pérdida de casi un millón de trabajos en Estados Unidos debido, precisamente, a la deslocalización de muchas empresas.

¿Cree que el TTIP es la salida de la crisis que propone el capitalismo?
En absoluto, para nada. Siguiendo con el estudio de Capaldo, dice lo contrario, que la firma del tratado llevaría a pérdidas en términos de exportaciones netas, lo que llevaría a pérdidas netas del PIB en Europa. Por tanto, no serviría para salir de la crisis. La única salida de la crisis en la UE es hacer precisamente todo lo contrario, es decir, basarse en el mercado interior y una subida de salarios para aumentar la demanda, entre otras muchas cosas. Las políticas que está llevando adelante la Troika son las que están hundiendo a Europa en la miseria y la recesión.

Para salir de la crisis, ¿sería necesario subir los aranceles?
No, lo que pasa es que cuando hablamos de acuerdos comerciales, tendríamos que cambiar la óptica. Hay una alternativa, un documento llamado Mandato de Comercio Alternativo, que está basado en la colaboración y no en la competencia. Todo lo basado en la competencia lleva a lo que en economía se dice raise to the bottom, es decir, una carrera hacia abajo. No contribuye para mejorar las condiciones económicas de un país, sino todo lo contrario. ¿La subida de aranceles? Bueno, es un poco hablar de la contraglobalización, pero no creo que fuera una gran ayuda.

Volviendo al principio: frente a la globalización, ATTAC propone el altermundismo. ¿Qué significa este concepto?
Significa que otro mundo es posible. En general, es un enfoque de la economía y el comercio mundiales para el beneficio de la gente, no de las grandes corporaciones multinacionales. Al fin y al cabo, cuando acudimos a las grandes cifras, vemos que menos de un 1% de la población se beneficia del sistema que tenemos actualmente. Es decir, la inmensa mayoría sufre hambre, desamparo, desempleo y todo tipo de calamidades. Porque la riqueza está concentrada en muy pocas manos. Cuando hablamos de que otro mundo es posible, estamos diciendo que perfectamente se podría tener un sistema diferente que fuera a favor de las grandes mayorías. En este sentido, los acuerdos comerciales tal y como se están enfocando ahora, solamente benefician a las grandes fortunas, ni siquiera a la población de los países más ricos.

Sí.
En última instancia, estamos hablando de democracia. A estas grandes empresas no les interesa ni les gusta la democracia para nada. En un momento determinado estuvieron obligadas a hacer ciertas concesiones, sobre todo en Europa, porque salíamos de una Guerra Mundial con unos partidos anticapitalistas muy fuertes y porque al otro lado había un sistema que se veía como un espejo de que había otra forma de hacer las cosas. Independientemente de que fuera cierto o no,  pero existía como alternativa teórica. Ahora, como eso desapareció, las empresas ya no tienen ningún control ni cortapisa y van descarnadamente a su propio beneficio.

A pesar de que tanto ATTAC como otras organizaciones se están movilizando en la plataforma No al TTIP, el eco en los medios de comunicación está siendo escaso. ¿Se siente optimista respecto al futuro?
En España no está teniendo ningún eco. Aquí hay unas directrices no oficiales… Los medios españoles están controlados por la banca y las grandes multinacionales. Basta con que digan que un medio va a sufrir, por ejemplo, la pérdida de anuncios, para que éste se retraiga. Efectivamente, aquí no se está hablando del asunto. Últimamente sí que se están empezando a sacar noticias pero, precisamente, de la propaganda favorable al TTIP. En fin, vamos poco a poco. Sí que hay medios digitales como éste, también radios, televisiones y periódicos digitales que están empezando a hablar bastante del TTIP y el CETA, pero es verdad que tenemos una barrera muy alta para entrar en los grandes medios. Tenemos que ver, poco a poco, cómo romperla.

¿Tienen algún plan?
Lo mejor que podemos hacer es movilizarnos. La movilización y la presión ciudadana son lo mejor que tenemos a nuestro favor. Como dice Susan George, aportar luz al vampiro; porque ella, con mucha razón, explica que estos tratados son como los vampiros: cuando reciben luz, se desintegran.

Neftalí Caballero

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3 Respuestas

  1. Andrés dice:

    Sí, eso es verdad. Y mola leer con la rotundidad que Alberto Martínez dice que no se ha aprobado, ni se aprobará. Confiemos en ello y aportemos nuestro granito de arena.

  2. Andrés dice:

    Good Job Nef, a mí se me hizo un poco larga la entrevista, supongo q también por la densidad del tema, pero muy interesante. Lo del TTIP es un disparate y más aún lo de que sea información clasificada y que no podamos tener acceso a lo que se está acordando!! pero esto qué es???? No entiendo nada tío, estamos llegando a puntos de locura muy extremos en plan “sí, os vamos a robar, por eso no os dejamos acceder al texto, ni que conozcáis las condiciones del acuerdo, lo tomas o lo dejas” y nuestros gobernantes lo toman, pues claro que lo toman, supongo que el TTIP vendrá acompañado de grandes puestos en consejos de administración. En fin…gracias por el curro que te has dado Nef y por enseñarnos lo jodidos que estamos.

    • Neftalí dice:

      Gracias, amigo. Ha sido larga, sí, esto del TTIP afecta en prácticamente todos los campos, pone toda la economía patas arriba. Pero bueno, seamos positivos, no estamos tan, como dices, jodidos, aún se tiene que llegar a firmar y ya hay mucha gente luchando para que no suceda.

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